Sin embargo, los escribas egipcios también advertían sobre las palabras humillantes, las lesiones y los deberes desatendidos que podían seguir al exceso. En otro ámbito, una inscripción real daba a un espacio dedicado a una diosa el nombre de «pórtico de la embriaguez», mientras una canción religiosa expresaba el deseo de embriagarse en honor de esa misma divinidad. El problema no consiste, por tanto, en decidir si los egipcios aprobaban o condenaban el alcohol, sino en comprender cómo podían convivir su valor como parte de una buena vida, el reconocimiento de sus peligros y la búsqueda deliberada de la embriaguez en el culto.[9][10][12]
Las tumbas y los templos de los alrededores de Tebas, cerca de la actual Luxor, conservan perspectivas contrapuestas del Reino Nuevo, aproximadamente entre 1550 y 1070 a. C. A estos testimonios se suman las advertencias literarias y un registro aldeano fragmentario. En conjunto, estas fuentes permiten acercarse a las personas que elaboraban, compartían y juzgaban la cerveza y el vino, aunque las fuentes no hablan con la misma voz ni fueron creadas con el mismo propósito.
El alcohol y la idea de una buena vida
La cerveza de cada día
Para llegar hasta la copa ofrecida en un banquete había que empezar por el grano y por el trabajo. Un modelo de panadería y cervecería fue depositado en la tumba del administrador real Meketre, en Tebas, aproximadamente en 1980 a. C., unos seis siglos antes de la pintura del banquete de Nebamun. Dentro de un edificio de madera de menos de un metro, figuras pintadas trituran y muelen el grano, atienden cubas y manipulan vasijas. El pan y la cerveza se elaboran en habitaciones contiguas.[2]
La pequeña escala no reduce la cantidad de trabajo representado. Preparar la bebida exigía tratar el grano, atender la mezcla y llenar las vasijas. La comodidad de Meketre dependía de las personas que realizaban esas tareas. En la organización de su vida de ultratumba, el modelo las mantiene ocupadas y convierte todo un establecimiento laboral en un objeto destinado a acompañar a un solo hombre.
Meketre esperaba necesitar cerveza junto con pan y procuró asegurar un suministro continuo de ambos. Su presencia entre las necesidades de una existencia confortable habla ante todo de buen abastecimiento. Por sí sola, no demuestra que esperara embriagarse: la cerveza aparece como una provisión indispensable dentro de una economía doméstica y funeraria.
Una fuente de placer
En la tumba de Paheri, en Elkab, la bebida adquiere una vida social más animada. En textos y escenas de banquete del siglo XV a. C., Amen-sat rechaza una bebida y una sirviente la anima a celebrar y beber hasta embriagarse. Otra invitada pide dieciocho copas de vino, declara que quiere emborracharse y explica: «¡Mi interior está tan seco como la paja!». En otra escena, una sirviente insiste ante una mujer reacia, mientras una compañera le pide que no arruine la diversión.[3]
Estos intercambios fueron compuestos para una tumba, no recogidos al oído durante una fiesta. Las dieciocho copas constituyen una petición, no el recuento de lo que alguien llegó a beber. Aun así, la elección de esas voces resulta significativa: la decoración reúne música, danza, palmas y vino, y atribuye a las invitadas actitudes distintas, desde el entusiasmo hasta la resistencia.[3]
Ofrecer vino es un gesto de hospitalidad, pero la insistencia revela que también podía ser difícil rechazarlo. Aceptar la copa se presenta como una forma de participar en el placer colectivo; negarse amenaza con desentonar en la reunión. Sin embargo, la escena conserva esa negativa. La asociación entre bebida y sociabilidad no borra la resistencia individual ni convierte a todas las invitadas en bebedoras igualmente dispuestas.
La mujer que pide dieciocho copas no necesita que la persuadan: declara expresamente que desea embriagarse. En esta escena pintada por encargo para una tumba, ese deseo aparece junto a la música y la compañía, no como una interrupción del disfrute.
La vivacidad del diálogo tampoco implica una compañía sin orden. John Baines señala que algunas personas del banquete están identificadas como fallecidas. El tamaño de las figuras, los asientos y la agrupación por género expresan diferencias de rango: los privilegiados ocupan sillas, mientras otros se sientan en esteras. El vino circula en un mundo donde siguen importando la jerarquía, la familia y la presencia de los muertos.[8]
El modelo de Meketre aseguraba una provisión de cerveza; la escena de Paheri muestra cómo el vino reunía a familiares, sirvientes y artistas. En la tumba no solo se preserva la bebida. La compañía misma forma parte de los placeres que se espera prolongar.
Beber en compañía
Fuera de esas escenas funerarias encargadas, una inscripción fragmentaria de Deir el-Medina, la aldea de los trabajadores que construían y decoraban las tumbas reales cercanas a Tebas, registra aportaciones a una reunión para beber asociada con Hathor. Los fragmentos, que han podido unirse, se atribuyen al reinado de Ramsés III o al de Ramsés IV, en el siglo XII a. C. La lista comienza con la contribución de una mujer llamada Isis y nombra al menos a treinta y tres mujeres y tres hombres. Entre las aportaciones figura el pan, a menudo en cantidades de cinco o diez hogazas por persona.[5][15]
No conocemos con precisión la ocasión ni sabemos con certeza quién era Hathor en este documento. Heidi Jauhiainen se inclina por identificarla como una mujer, pues el nombre lleva el signo de una figura femenina sentada. La inscripción registra lo que distintas personas aportaron a una reunión compartida, pero no permite saber quién asistió. Tampoco indica si alguien se embriagó.[4][15]
Su valor reside precisamente en el tipo de huella que conserva. A diferencia de los diálogos pintados en la tumba de Paheri, la lista conserva nombres y contribuciones reales que alguien consideró necesario anotar. El documento deja entrever una red de cooperación alrededor de la bebida y la comida, aunque no permite reconstruir el comportamiento de los participantes.
Los efectos inquietantes de la embriaguez
Los efectos visibles del exceso
La sociabilidad podía desembocar en consecuencias difíciles de ocultar. Un detalle de la tumba tebana de Amenemhat, fechado aproximadamente entre 1479 y 1425 a. C., muestra a un invitado vomitando en una vasija. El catálogo del Museo Metropolitano de Arte identifica la escena como resultado del consumo excesivo de alcohol.[7]
La imagen parece prestarse a una lectura aleccionadora, pero no todas las representaciones de este motivo tenían que funcionar de ese modo. Al estudiar otro banquete, pintado aproximadamente en 1400 a. C. en la tumba de Djeserkareseneb, John Baines propone que vomitar en una vasija dispuesta para ello podía formar parte de la conducta aceptada en aquella ocasión. La inclusión del episodio pudo añadir humor a la escena, y el contraste entre ese cuerpo descontrolado y las posturas contenidas de los demás no tenía por qué ser enteramente serio.[8]
Si Baines está en lo cierto, la pérdida de control corporal podía reconocerse y quizá resultar divertida en una escena que celebra el placer de estar juntos. La vasija dispuesta para ello sugiere que, en la fiesta tal como la presenta el pintor, incluso el vómito tenía cabida. Representar el exceso no equivale necesariamente a condenarlo, aunque tampoco hace que la conducta resulte admirable.
Juicio y dignidad
La Instrucción de Ani adopta un tono muy distinto. Aconseja no excederse con la cerveza y describe una cadena de peligros: el bebedor puede pronunciar palabras deshonrosas sin darse cuenta, caer, sufrir una lesión y quedar sin ayuda. Incluso quienes han bebido con él pueden apartarse en vez de socorrerlo.[9]
La advertencia se ocupa tanto de la mala conducta como de la vulnerabilidad. Importa lo que el bebedor dice, lo que le sucede a su cuerpo y la respuesta de los demás cuando pierde el control. La compañía que hacía atractiva la bebida en la tumba de Paheri se vuelve aquí poco fiable en el momento de la necesidad. Compartir una copa no garantiza recibir ayuda.
El manuscrito de Boulaq que conserva esta enseñanza pertenece a la Dinastía XXI, aproximadamente a los siglos XI–X a. C., aunque se considera que la composición es anterior. La obra forma parte de una tradición de instrucciones sobre la manera adecuada de vivir y comportarse; no es un registro de incidentes reales relacionados con la bebida. Para hacer persuasivo su consejo, el autor selecciona un desenlace alarmante en el que convergen la vergüenza, el daño físico y el abandono.[9]
Obligaciones desatendidas
En el Papiro Anastasi IV, copiado aproximadamente en 1200 a. C., la crítica se desplaza hacia las obligaciones abandonadas. El texto reprende a un alumno que ha dejado la escritura por el placer y deambula oliendo a cerveza. La comparación con un barco que no puede gobernarse debidamente lo presenta como alguien que ya no se gobierna como debería.[10]
El hablante denuncia también el vino e insta al alumno a abandonar la bebida. No se limita a recomendarle moderación durante las horas de trabajo. El tono es mucho más intransigente que las invitaciones a beber representadas en la tumba de Paheri.[10]
Lo que está en juego es la disciplina que se esperaba de un futuro escriba. La bebida ha desplazado el estudio y amenaza con desperdiciar las capacidades que el alumno debía cultivar. La fuente es una admonición literaria, no el expediente disciplinario de un estudiante identificado que haya llegado hasta nosotros. No obstante, el contraste de valores es nítido: lo que una invitada de Paheri desea como disfrute, el amonestador lo presenta como una renuncia al propio porvenir.
Las imágenes y los textos pueden así emplear la pérdida de control con propósitos diferentes. En una representación de banquete, el desorden corporal quizá forme parte del humor de la ocasión; en la reprimenda al alumno, sustenta una acusación y una exhortación al cambio. Ani convierte el habla descontrolada, la lesión y el abandono en motivos para temer el exceso. La comicidad y la desaprobación no son incompatibles: la diferencia decisiva está en si el sufrimiento del bebedor se incorpora a la celebración o se utiliza como argumento para modificar su conducta.
El significado sagrado de la embriaguez
La embriaguez salva a la humanidad
En el relato conocido habitualmente como La destrucción de la humanidad, Ra, el dios solar, ha envejecido cuando los seres humanos se rebelan contra él. Entonces envía a su hija Hathor a castigarlos. Cuando decide salvar a quienes aún sobreviven, ordena mezclar cerveza con ocre rojo y extender el líquido sobre la tierra. Hathor bebe el líquido coloreado hasta embriagarse; el cambio que la bebida provoca en ella detiene la matanza.[11]
El episodio pertenece al Libro de la Vaca Celeste. La versión más completa que se conserva fue inscrita en la tumba del faraón Seti I en el siglo XIII a. C. Sus acontecimientos transcurren en el tiempo divino, dentro de un relato más amplio que explica la separación de los dioses y los humanos y la reorganización del cosmos. La inscripción transmite un mito, no el registro histórico de un incidente humano.[11]
Para quienes están amenazados por Hathor, su embriaguez constituye un indulto. La cerveza altera la condición de la diosa y, con ella, el destino de la humanidad, porque detiene el daño posterior. La pérdida de control que las advertencias de los escribas asociaban con el peligro adquiere aquí una función salvadora. Ese sentido mítico, sin embargo, no documenta por sí mismo una ceremonia humana de bebida.
Un lugar sagrado para la embriaguez
Entre 2004 y 2007, una expedición de la Universidad Johns Hopkins con participación egipcia descubrió tambores de columna bajo el lado occidental del templo de Mut, en Karnak meridional, dentro del área de Tebas. Los fragmentos procedían de un edificio asociado con Hatshepsut y Thutmose III, construido en la década de 1470 a. C. En la traducción de Betsy Bryan, la dedicación declara que Hatshepsut hizo para Mut un «pórtico de la embriaguez» provisto de columnas.[12]
Lo que ha sobrevivido no es una sala intacta desde la cual pueda reconstruirse arqueológicamente el desarrollo de una fiesta, sino un conjunto de fragmentos arquitectónicos con un nombre extraordinario. La inscripción no describe las ceremonias celebradas allí. Aun así, la dedicación real concedía a la embriaguez un lugar dentro del templo de Mut. Frente a la reprimenda dirigida al alumno, este texto la vincula con algo que una gobernante consideró digno de ofrecer a una deidad, no con la deshonra.
La diosa honrada en el pórtico es Mut, no la Hathor del mito. Mut estaba estrechamente asociada con Sakhmet, la diosa con cabeza de leona cuyos poderes podían causar daño y ofrecer protección. Las numerosas estatuas de Sakhmet realizadas durante el reinado de Amenhotep III, en el siglo XIV a. C., se han interpretado como parte de un esfuerzo sostenido por apaciguarla, aunque ese propósito sigue siendo una interpretación moderna.[13]
La dedicación del pórtico nombra el espacio, pero guarda silencio sobre sus ritos. Un calendario festivo de época ptolemaica, más de un milenio posterior a Hatshepsut, describe una cerveza teñida de rojo que alegra el corazón de Mut y la aparta de la ira. La bebida coloreada vuelve a servir para apaciguar a una diosa peligrosa, pero este testimonio tardío no proporciona el programa exacto del edificio anterior.[12]
Tampoco las copias conservadas del Libro de la Vaca Celeste permiten reunir todas estas pruebas en una sola ceremonia. La historia mítica puede ser más antigua que sus testimonios supervivientes, pero el edificio de Hatshepsut precede a esas copias, y nada demuestra que el episodio de Hathor se representara allí. El mito, la dedicación arquitectónica y el calendario ptolemaico comparten motivos religiosos; no describen un mismo acontecimiento documentado.[11][12]
Beber juntos en las fiestas religiosas
Una canción inscrita en la tumba tebana TT78, a principios del siglo XIV a. C., describe celebración, adornos y alegría durante el regreso de Mut. El Horemheb de esta tumba era un escriba militar que vivió bajo Thutmose IV, no el faraón posterior del mismo nombre. En la traducción de Betsy Bryan, las ejecutantes de sistro de Mut aparecen «deseando la embriaguez de una copa de oro».[12]
El sistro era un sonajero ritual que se hacía sonar agitándolo.[14] Las invitaciones de la canción a adornarse y participar con alegría sitúan el deseo de las músicas dentro de una celebración compartida. No se trata únicamente de servir una bebida: la embriaguez aparece como algo que se espera con anhelo durante el regreso de la diosa.
Betsy Bryan interpreta canciones como esta como prueba de que, mediante la embriaguez, se buscaban encuentros con una diosa y, en celebraciones funerarias, con los muertos. Según su lectura, embriagarse podía ofrecer la posibilidad de acercarse a seres fuera del alcance humano cotidiano y satisfacer una aspiración religiosa. El estado alterado no se limitaría así a interrumpir los deberes ordinarios, sino que podría tener una finalidad propia dentro del culto.[12]
Esta interpretación se refiere a lo que los celebrantes esperaban, no a una experiencia que pueda comprobarse en cada participante. La canción expresa un deseo humano; el mito relata lo que le sucede a una diosa; la dedicación nombra un edificio. Juntas, las tres fuentes conceden a la embriaguez un lugar en la vida religiosa que no aparece en una advertencia contra el exceso. Su fuerza reside en las distintas maneras de relacionarla con el poder divino y con las esperanzas humanas, no en la descripción de una única ceremonia ni en la identificación del pórtico de Hatshepsut como escenario de la canción.
El culto también reunía a personas. Alguien debía tocar música y servir la bebida, y el placer de la compañía podía acompañar el deseo de obtener el favor divino. Buscar a una diosa y disfrutar de la presencia de otros no eran propósitos incompatibles. Durante las procesiones festivas, las imágenes divinas podían salir de santuarios restringidos y acercarse a un público más amplio, aunque las salas interiores de los templos siguieran cerradas para la mayoría.[7]
Las fuentes conservadas, sin embargo, no recogen todas las voces por igual. El modelo de Meketre muestra a los cerveceros trabajando, pero no transmite lo que pensaban sobre la bebida. Las palabras de los invitados de Paheri fueron elegidas para ellos, mientras el alumno de escriba recibe una reprimenda sin posibilidad de responder. Los fragmentos de Deir el-Medina ofrecen apenas una visión parcial de otra reunión. Muchas de las personas que elaboraron, sirvieron y compartieron cerveza o vino no dejaron un relato que haya llegado hasta nosotros.
Convivir con los efectos del alcohol
La copa ofrecida a Nebamun promete placer y compañía. Para el alumno de escriba, en cambio, perder el dominio de sí mismo significa no llegar a ser quien se espera que sea. En la canción dedicada a Mut, el deseo de embriaguez forma parte de la celebración de una diosa. Ninguna de estas situaciones proporciona por sí sola una regla general: cada una sitúa la bebida dentro de relaciones, obligaciones y expectativas distintas.
Las advertencias sobre lesiones, humillación y responsabilidades abandonadas conservan toda su fuerza junto a la canción religiosa. Mientras la Instrucción de Ani imagina a un bebedor privado de ayuda, la interpretación de Betsy Bryan encuentra personas que esperaban acercarse a lo divino. Ese significado religioso no anulaba los daños ni los deberes desatendidos. Revela, más bien, por qué el mismo cambio de conciencia que volvía problemática la embriaguez en otros contextos podía ser precisamente una razón para buscarla en el culto.
Referencias
- The Metropolitan Museum of Art. Nebamun Receiving Wine, 30.4.106. Nina de Garis Davies, facsímil de 1916; original en TT181, aproximadamente 1386–1330 a. C. Ficha del objeto. La invitación inicial sigue la traducción inglesa del museo.
- The Metropolitan Museum of Art. Model Bakery and Brewery from the Tomb of Meketre, 20.3.12, aproximadamente 1981–1975 a. C. Ficha del objeto.
- Tylor, J. J., and F. Ll. Griffith. The Tomb of Paheri at El Kab. London: Egypt Exploration Fund, 1894, pp. 23–26, en particular p. 25, lámina VII. Publicado junto con Ahnas el Medineh, de Édouard Naville. Edición conservada en una universidad.
- Donker van Heel, Koenraad. “Women Can Party Too.” In Mrs. Naunakhte & Family: The Women of Ramesside Deir al-Medina. Cairo: American University in Cairo Press, 2016, pp. 137–148. Resumen de la editorial, que resume distintas interpretaciones de la reunión.
- Demarée, Rob, Kathrin Gabler, and Stéphane Polis. “A family affair in the community of Deir el-Medina: gossip girls in two 19th dynasty letters.” In Svenja A. Gülden, Tobias Konrad, and Ursula Verhoeven, eds., Ägyptologische „Binsen“-Weisheiten IV: Hieratisch des Neuen Reiches: Akteure, Formen und Funktionen. Stuttgart: Franz Steiner Verlag, 2022, pp. 43–126, en particular p. 105 y notas 195–196. Ficha institucional; artículo de acceso abierto. Óstracon reconstruido: O. Cairo CG 25705 + O. IFAO 1322 + O. Varille 38 + O. DeM 10363.
- The Metropolitan Museum of Art. Women at a Banquet, 30.4.78. Nina de Garis Davies, facsímil de 1925; original en la tumba de Rekhmire, TT100, aproximadamente 1479–1425 a. C. Ficha del objeto.
- Stünkel, Isabel. Drink and Be Merry!. Catálogo de la presentación temporal de la colección, 2019–2021. The Metropolitan Museum of Art. Catálogo, en particular p. 1 impresa / p. 6 del PDF.
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- Dils, Peter. Die Lehre des Ani, papyrus Boulaq 4, versión B. Thesaurus Linguae Aegyptiae. Texto e información sobre el manuscrito; 17.6–17.9, oraciones 83–90. El texto español sigue la paráfrasis inglesa de la traducción alemana del corpus.
- Dils, Peter. Vorwürfe an einen Schreibschüler mit zügellosem Verhalten, Papyrus Anastasi IV, recto 11.8–12.5, British Museum EA10249. Thesaurus Linguae Aegyptiae. Texto e información sobre el manuscrito; traducciones de las oraciones, en particular 11.8–12.2. El texto español sigue la paráfrasis inglesa de la traducción alemana del corpus.
- Guilhou, Nadine. “Myth of the Heavenly Cow.” UCLA Encyclopedia of Egyptology, 2010. Estudio, testimonios y ediciones del texto, en particular el análisis del relato y del ritual.
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- Wilkinson, John Gardner. Manners and Customs of the Ancient Egyptians, vol. II. London, 1837, p. 167, xilografías 146–147. Edición original y ficha de dominio público. Reproducido en Henry Frederick Lutz, Viticulture and Brewing in the Ancient Orient (Leipzig: J. C. Hinrichs, 1922), p. 99, figuras 22–23. Fuente de la reproducción recortada.
Las cuatro ilustraciones del Metropolitan Museum figuran como de dominio público en las fichas del museo y están disponibles conforme a su política de acceso abierto / CC0. Los dibujos históricos basados en Wilkinson son una reproducción de dominio público con crédito independiente.